tv_invitacion
mujer

apuntes

Chismorrear, exigir mucho de las otras personas, hablar mal, juzgar, competir, presionar, ser muy sensible y emotiva, criticar, protestar y reclamar, flirtear con hombres casados, exhibirse, envidiar, sacar conclusiones apresuradas, sentirse insegura, hablar demás o muy alto, y la lista continúa…
A nadie le gusta admitir que es irritante, pero piénsalo bien: ¿Cuántas no fueron las veces en que nos metimos en problemas (grandes problemas) justamente a causa de algo que hemos hablado, hecho o sentido? Somos maestras en ese arte... Es cierto que todas tenemos grandes cualidades, y el mundo no sería lo que es hoy si no fuera por nosotras mujeres. Pero, seamos sinceras: Podríamos estar mucho mejor, ¿no es verdad?
Somos capaces de cosas maravillosas cómo ser la amiga, la madre, la hija, la hermana, la funcionaria y la esposa que a muchos les gustaría tener. Pero, nos desvalorizamos, nos hundimos y degradamos la palabra “mujer” sólo porque no conseguimos controlar nuestros sentimientos.
Entonces, nos sentimos solas, pensamos que nadie nos entiende, y nos hacemos de víctima... Seamos honestas: ¡somos seres muy complicados!
Queremos que las personas sean “videntes” para que sepan exactamente lo que deseamos o pensamos. Queremos ser tratadas como princesas todo el tiempo y si, por un día sólo, eso no acontece, inmediatamente creemos que no les importamos a los demás y como niños malcriados, reaccionamos negativamente... Si yo continuase dando ejemplos, este artículo se transformaría en un libro.
La única manera de cambiar nuestra naturaleza y realmente empezar a tener relaciones saludables es, de entrada, reconocer las cosas indeseables que hacemos. Tal vez sean cosas que todas las mujeres hacen; pero, no son buenas – si lo fueran, no estarías pensando en ellas en este exacto momento.
Haz una lista de todas esas cosas de las cuáles quieres librarte. Al lado, escribe los días de la semana. Diariamente, verifica y toma nota de todo lo que hayas hecho que esté relacionado a los problemas anotados. Por ejemplo: Imaginemos qua hayas hecho un comentario sobre alguien que ni conoces, entonces, escribe el nombre de esa persona al lado de la palabra “juicio”.
Si hicieras eso todos los días, inmediatamente te darás cuenta que tienes mucho que cambiar – pero no te desanimes.  Es así mismo. Una vez que comiences a lidiar con esos problemas, ya estarás en camino de convertirte en una mejor mujer. Tal vez te encontrarás rellenando todas las filas el primer día -es una buena señal. Significa que estás reconociendo tus defectos.
¡Muchas personas no consiguen ni eso! A medida que vayas haciendo eso diariamente, notarás que cada vez menos harás esas cosas irritantes, porque ahora serás más consciente (es obvio que no quieres quedarte rellenando todas las filas todos los días). La idea es que llegue un momento en el que no necesites rellenar ninguna fila, pues ya estarás acostumbrada a evitar aquellos errores pasados.Esta es una manera de inspirar a las personas que conoces. Maravilloso, ¿verdad? Entonces, ¿qué estás esperando?

El egoísta ve apenas para sí mismo como centro de todas las cosas, creyendo que todo y todos existen por él y para él.
El mundo gira alrededor del ombligo del egoísta, y eso, obviamente, limita su visión a apenas a una palma de diámetro de sí mismo. Así, podemos concluir que el egoísta se torna Dios de sí mismo. Él se basta, por eso jamás conseguirá reconocer un Dios soberano, Creador de todas las cosas, simplemente porque no le pasa por la cabeza que haya algo o alguien, por encima de él, que sea relevante para el mundo.
Uno de los lemas más comunes del egoísta es: “¡Lo importante es ser feliz, no importa cómo!” Eso quiere decir que a él no le importa si su felicidad es a costa de la tristeza o infelicidad de alguien. La felicidad del egoísta habita en el alma y no en el espíritu, por eso, las Leyes y Mandamientos Divinos no pueden jamás cercear el placer que agrada la carne.
La política es uno de los escenarios que reúne más ejemplos de hombres egoístas. Cuando este tipo de gente se elige y tiene poder público, dentro de ellos hay una voz que los estimula: “¡Ahora nadie me detiene! El pueblo no importa.” Pero, infelizmente, este comportamiento se repite seguido en diversos perfiles de personas: los corruptos, los deshonestos, los infieles, los traidores, los criminales, entre tantos otros, independiente de clase social. Compartir, dividir, donar, entregar, sacrificar, proteger…no son verbos que el egoísta conjugue. Sobre estas personas, el Espíritu de Dios dijo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios…” (2 Timoteo 3:1-4).

 
 
secciones
menu
contactos
 
 
index